• Juan Ignacio Vazquez Gomez

Juan Ignacio Vázquez Gómez sobre ‘Internet of Things’

Internet es el catalizador fundamental, la piedra filosofal, capaz de transformar radicalmente una empresa o un sector completo. La reciente posibilidad de añadir conectividad a Internet a cualquier tipo de producto, objeto o equipamiento persigue en su máxima expresión transformar la esencia de dicho producto, su propuesta de valor, convirtiéndolo en otro diferente. Una cocina conectada a Internet no solo permite al usuario descargar recomendaciones o recetas, sino que también permite a los fabricantes de electrodomésticos conocer los patrones de alimentación de sus clientes y ofrecerles productos complementarios u ofertas instantáneas en alianza con las cadenas de distribución. Un fabricante de máquina-herramienta deja de vender equipamiento en propiedad para comercializarlo bajo un modelo de pago por uso, monitorizado a través de Internet y con garantía de operación continua.

El Internet de las cosas es la manifestación de la fusión entre el mundo de los átomos y el de los bits, el de los objetos físicos y el de los servicios personalizados, aprovechando lo mejor de cada una de estas dos realidades y padeciendo alguno de sus inconvenientes.

Para ilustrar el salto que supone este paradigma para alguien que viene del mundo digital, cito una frase clásica en este campo: “El problema del Internet de las cosas son las cosas”. Es decir, muchas de las ventajas que proporciona la nueva dimensión digital de un producto conectado, como puede ser la recogida remota de datos o el acceso directo a servicios en la nube, se ven lastradas por aspectos de la realidad física como la fabricación, el desgaste por uso o el acceso a los canales de distribución, barreras que son más bajas o simplemente no existen en el mundo puramente digital.

Por otro lado, para quien proviene del mundo de los átomos, de la fabricación y distribución de productos físicos, el hecho de añadir el plano de los servicios de Internet supone nuevos desafíos respecto a las capacidades técnicas necesarias, especialmente en términos de robustez (resilience) o ciberseguridad, que son indispensables para hacer realidad productos confiables de Internet de las cosas.

No obstante, fundamentalmente, lo que permite esta visión del “todo conectado” es el desarrollo de nuevas ideas y conceptos, una explosión de creatividad de la que estamos siendo testigos, como equipamiento deportivo conectado con el objetivo de medir y mejorar el rendimiento del usuario, herramientas inteligentes en puestos de trabajo especializados o mobiliario urbano que, además de su funcionalidad evidente, recoge datos de polución y tráfico para mejorar la gobernanza de las ciudades.

Junto con la visión de innovadores conceptos de Internet de las cosas llegan asociados nuevos modelos de negocio; modelos que en muchos casos aplican mecanismos bien conocidos en Internet, como freemium o el pago por uso, a un contexto de objetos reales en nuestro hogar o entorno de trabajo, lo que no deja de resultar extraño en algunas ocasiones.

El Internet de las cosas es aún un territorio con mucho terreno por explorar, mucha riqueza por descubrir y muchas oportunidades al alcance de aquellos que pueden conectar de manera coherente lo mejor del mundo físico y el digital.

Juan Ignacio Vázquez Gómez

Director del Departamento de Tecnologías Informáticas, Electrónicas y de la Comunicación (Universidad de Deusto) y socio fundador de Symplio.

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