Inteligencia artificial: ¿amenaza u oportunidad?

Alex Rayón Jerez

Director del Big Data and Business Intelligence Executive Program (Universidad de Deusto)

En febrero de 1996, Gary Kasparov, el entonces campeón del mundo de ajedrez, se enfrentó a la máquina Deep Blue de IBM. Kasparov perdió la primera partida, pero remontó para vencer 4-2. Todo el planeta observó, atónito, cómo una máquina podía ganar partidas de un juego que requería el uso de la inteligencia. Kasparov dijo tras la partida que “pude sentir un nuevo tipo de inteligencia al otro lado de la mesa”. En 2011, IBM usa su sistema Watson, otro programa inteligente, para retar a los mejores concursantes de la historia del concurso Jeopardy!, el juego más complejo alrededor de palabras. En esta ocasión, la máquina vence. En 2016, la máquina AlphaGo de Google vence a Lee Sedol, uno de los mejores jugadores de Go, otro juego complejo en el que la intuición humana desempeña un papel importante. La máquina de Google introdujo algunas jugadas imprevisibles que no fueron copiadas de partidas vistas con anterioridad en la historia.

Estas tres historias nos permiten entender que estamos claramente ante sistemas con un nuevo tipo de inteligencia. La inteligencia artificial (IA) es una forma de automatizar decisiones de forma muy avanzada. Una reciente investigación del McKinsey Global Institute estima su potencial de desarrollo económico en un 1,2 % del PIB mundial año a año hasta el 2030. Estamos sin duda alguna ante el vector de desarrollo económico más importante de los próximos años. Solo tecnologías de propósito general como la máquina de vapor (1800), los procesos mecanizados industriales y la electricidad (1900) y las tecnologías de la información (2000) produjeron esta capacidad de transformación en la historia moderna.

“Estamos sin duda alguna ante el vector de desarrollo económico más importante de los próximos años”

Durante años, muchos pensaron que la IA se amparaba en máquinas que, por fuerza bruta de acumulación, simulaban y calculaban posibles jugadas para quedarse con una que tuviera probabilidades de tener éxito. Y es que la historia de la informática se había desarrollado con reglas de programación muy concretas. En una calculadora, cuando pulsamos 3 + 3, la regla concreta de suma saca un 6. Sin embargo, la mayoría de las situaciones a las que nos enfrentamos los seres humanos en la vida real no son un juego con reglas, donde hay un inicio y un fin. Por tanto, existían limitaciones.

No obstante, la IA actual es mucho más abstracta, donde no se aprenden reglas concretas, sino que se aprende a razonar y proponer de una manera muy parecida a como lo hace la mente humana. Cuando le digo a Google Maps que me lleve de Madrid a Sevilla, el programa no calcula con una lógica concreta cómo hacerlo: observa el contexto de manera constante (congestión de tráfico, accidentes, climatología, precedentes para ese día y hora en esa vía, cómo estoy conduciendo, etc.) y me devuelve qué hacer de manera óptima. Es decir, el sistema de IA aprende a evaluar lo que está ocurriendo y decide qué hacer. Es lo que se conoce como “aprendizaje por refuerzo”, sistemas que sí son novedosos, porque replican cómo los humanos razonamos en tiempo real.

“El sistema de IA aprende a evaluar lo que está ocurriendo y decide qué hacer; es lo que se conoce como ‘aprendizaje por refuerzo’”

Las economías desarrolladas tenemos una gran oportunidad aquí. Nuestras sociedades envejecen, el crecimiento de la productividad es realmente bajo y tenemos unos costes salariales bastante altos en comparación a los de otras zonas del mundo. Por ello, creo que, con este tipo de sistemas, nuestras empresas y organizaciones podrían ver reforzada su competitividad. La preocupación no debería venir por sus implicaciones, sino por la falta de talento, de infraestructuras digitales o de inversión en I+D+i en torno a estos sistemas. Poder tomar decisiones sobre la optimización de las cadenas de producción, la personalización de las acciones de márketing o los servicios personalizados al ciudadano requieren unas capacidades que aún debemos crear.

El mito griego de la caja de Pandora retrata a una mujer trágicamente curiosa dispuesta a abrir una pequeña urna que libera por error todos los males de la humanidad. ¿Es la inteligencia artificial la nueva caja de Pandora? Es lo que muchos se plantean estos días. Sin embargo, no estoy tan seguro de que debamos tener tanto miedo. Sí respeto y ética. Por fortuna, los humanos todavía tenemos el monopolio de la idea y las intenciones. Las máquinas todavía no se autoprograman ni deciden qué quieren hacer. Siempre hay humanos en su concepción, que tienen unas ambiciones y unos planes. Disponer de tecnologías que permiten hacer de manera automatizada un razonamiento como sujetos morales (simulando a un humano), sin que esto esté de alguna manera regulado, me genera dudas. Eso es lo que debería preocuparnos.

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