Juan Ignacio Martínez Estremera sobre ‘What Technology Wants’

Juan Ignacio Martínez Estremera

Socio fundador de Socialnautas y presidente de Ilusyon Lighting

Los cambios a los que nos vemos sometidos diariamente se suceden a una velocidad sorprendente, tanto que podemos llegar a vernos agobiados por su profusión. Sin embargo, en el ámbito de la tecnología, nuestra percepción general es positiva; partimos de la base de que cada cambio es bueno: mejores coches, mejores ordenadores, mejores teléfonos móviles… Estamos ante un mundo de posibilidades que hacen que estemos más hiperconectados, seamos más productivos o logremos más con menos esfuerzo.

Sin duda hemos superado ya debates pasados sobre si la tecnología es apropiada o no, o sobre si las máquinas deben sustituir al hombre. La aversión o el amor a la tecnología es una cuestión no solo de actitud, sino también de conocimiento. Cada generación que pasa percibe, cada vez más, el valor añadido que la tecnología supone.

La tecnología ha pasado a ocupar prácticamente todas las áreas de nuestra vida, incluso ha entrado en las áreas sociales. Pronto veremos al Internet de las Cosas integrarse en nuestra vida, a través de los objetos, de forma que el flujo de información será constante entre lo que nos rodea, la nube y lo social.

La tecnología se deriva de la especialización, la cual, a su vez, surgió de la fabricación en masa y cada vez más rápida. El tiempo de llegada al mercado es más corto y la respuesta de este también lo es. Eso sin olvidar que cada tecnología que emerge hace que surjan a su alrededor numerosas industrias auxiliares que permiten su desarrollo eficaz. Por tanto, la tecnología es un eficaz modificador de las estructuras productivas.

La tecnología se alimenta de conocimiento, y este, cada vez con mayor velocidad, lo producimos en masa

Además, dotar a los objetos de un potencial y no cuidarlos es irresponsable. Por eso cientos de miles de ordenadores por todo el planeta son infectados por extraños virus que fuerzan a las máquinas a realizar todo tipo de tareas: ataques de denegación de servicio, actuar como servidores de spam, etc. Las tecnologías creadas deben ir acompañadas por responsabilidad en su uso. Asimismo, debemos ser conscientes de la dependencia que creamos de la tecnología: el mero apagón de una red eléctrica nos puede apartar de la Red y, por tanto, dejarnos sin nuestras herramientas de trabajo. Actualmente, el 75 % de la energía generada sirve para mantener o impulsar máquinas. El resto se usa para el confort o la comida.

El caso es que nos acercamos a un modelo en el cual aparece una estructura formativa global. La tecnología se alimenta de conocimiento, y este, cada vez con mayor velocidad, lo producimos en masa. La cooperación a través de redes digitales hace que la ratio de información haya crecido un 66 % anual durante los últimos años. Sin embargo, no solo es la Red; también han ayudado las nuevas formas de indexar y etiquetar el conocimiento, las redes de librerías y el sistema de hipervínculos de la Red que permite categorizar el conocimiento.

El futuro pasa por organizar el conocimiento. A través de la innovación tecnológica, la estructura de nuestro conocimiento evoluciona. En apenas cien años hemos inventado mucho más que en el pasado millón de años. ¿Qué sucederá dentro de tan solo cincuenta años? La tecnología se está transformando en nuestro motor evolutivo. De su mano descubriremos qué hay más allá.

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