Los protagonistas de mi historia

Iñaki García Echániz

Director general y socio fundador de LIN3S.

Cuando pienso en dos empresas que podrían ser ejemplo de la campaña perfecta, pienso inmediatamente en el “Just do it” (Nike, 1988) y el “Think different” (Apple, 1997). En ambos casos encontramos varias coincidencias. Se trata de mensajes simples, que siguen la sagrada regla de “menos es más”. En comunicación, lo fácil es “vomitar” un montón de mensajes y lo difícil es tener que elegir y sintetizar.

Son directos, apelan a lo que el cliente quiere y lo ponen de manifiesto. No te hacen pensar, como diría Steve Krug, pero además llaman a la acción o más bien a la visualización: hacen que el usuario se sienta capaz de pensar diferente o de seguir su instinto para hacer algo que desea.

En definitiva, sitúan al cliente como protagonista de una historia fácilmente imaginable.

Los profesionales del márketing utilizamos muchos recursos para conocer a nuestros clientes, para crear historias que los conviertan en protagonistas. Investigamos sobre cómo buscan, cómo llaman a las cosas y qué les preocupa; sobre qué dicen y comparten en redes sociales; sobre cómo interactúan y qué compran en nuestras webs; y, finalmente, sobre qué opinan de nuestra marca, producto o servicio.

Todo este trabajo con un único objetivo: mostrar el mensaje adecuado. La personalización es el caballo de batalla hoy.

Cuando pienso en cómo será la comunicación con nuestros clientes en los próximos años, imagino que tendremos un mensaje diferente para cada cliente y ciertamente la tecnología ya habilita hoy esa posibilidad.

“Las organizaciones líderes deben estar enfocadas no solo en generar beneficios, sino también en construir una historia compartida por las personas que la componen”

Entonces, el verdadero reto, y vuelvo al principio, se encuentra en la elección correcta del mensaje. Hoy, la comunicación se cocina en casa, dentro de las organizaciones, y el primer escollo lo encontramos, del mismo modo, dentro de casa. Esa primera criba natural la realizan nuestros empleados, que únicamente interiorizarán aquellos mensajes con los que se sientan identificados y solo así los dotarán de la credibilidad necesaria para su éxito.

Tanto es así que considero que las organizaciones líderes deben estar enfocadas no solo en generar beneficios, sino también (y de manera prioritaria) en construir una historia compartida por las personas que la componen. Este es el reto al que nos enfrentamos todos los que queremos influir y provocar cambios.

Tras muchos años de trabajo y otras tantas equivocaciones, puedo decir que solo tengo una certeza: mis clientes y, al mismo nivel, mis empleados son los protagonistas de mi historia.

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