Descanso y alto rendimiento, con Pablo Martínez Arroyo

Sueño y descanso

Unos japoneses vienen hacia mí. Los veo acercarse a lo lejos. Noto cómo me tiemblan las piernas, pero al mismo tiempo me noto seguro. Estoy dentro de un submarino. Los veo llegar desde diferentes ángulos, con un color fluorescente muy intensamente azulado. Es un mar que muda del negro al azul brillante a medida que se acercan a la nave. De repente, soy capaz de observar con nitidez sus monturas. Llegan en unas veloces taladradoras capaces de penetrar las aguas como si fueran las motos voladoras de Star Wars.

Cuando estoy escribiendo esta tribuna, la aventura ha cumplido ya 26 años. Y sigue siendo mi sueño preferido. Al menos, el que más tiempo decidió quedarse conmigo. ¡Qué bien sienta volver a él de vez en cuando! ¿Existe algo más placentero que recordar nítidamente el sueño de la noche anterior?

Descansar bien ha sido siempre un tesoro muy perseguido por el ser humano. Hasta hace pocas generaciones, la persecución se fundamentaba en la pura intuición y en la necesidad de supervivencia. Sin embargo, resulta que la ciencia también ha puesto el foco aquí y, a poco que nos empeñemos, nos puede explicar de un modo evidente sus tremendos beneficios. Permítanme ofrecerles algún humilde consejo en los siguientes párrafos, antes de que se adentren en las sugerentes reflexiones de un manual que no tendría competencia en nuestra mesita de noche (“La mejor forma de descansar de una cosa es hacer otra hasta el momento de dormir”).

Sucede que, al día siguiente de temblar frente a los amenazantes japoneses, tenía que rendir a tope durante dos horas junto a otros 24 tipos de entre 20 y 30 años delante de 8.000 personas que habían pagado una entrada y de 7,5 millones más que, según los datos de la televisión española, se habían sentado un domingo de febrero de 1992 a ver la final de la Copa del Rey de Baloncesto.

Es evidente que no voy a usar esta tribuna para contarles un fracaso. Aquella noche previa “a la japonesa”, intuyo que descansé razonablemente bien, pero lo hice con no más de un 10 % de la información bien descrita y absolutamente referenciada que en este momento ustedes y yo podemos tener a nuestro alcance. Si me lo permiten, y ya que mi deporte necesita tener en la pista a cinco jugadores para disputar un partido, me atrevo a ofrecerles un buen quinteto de elementos que, bien combinados, les harán maximizar su energía y protegerán su salud:

  1. Conozcan bien su biorritmo, que es la base sobre la cual debe girar su estrategia de rendimiento.
  2. Reflexionen sobre su conducta.
  3. Háganlo activándose diariamente (ojo; aquí les hablo de activación, de actividad física, no de prepararse para un maratón, que una cosa no tiene nada que ver con la otra).
  4. Cuiden la manera de comer y, sobre todo, el momento en el que se debe comer. No teman estar un tiempo prolongado sin hacerlo. Su sistema inmune lo agradecerá.
  5. Y, por último, fichen al MVP de su salud: el imbatible y reparador descanso nocturno (“El descanso deliberado nos ayuda a reconocer y evitar la trampa de una vida frenética y sin sentido”).

Mis amigos japoneses hace milenios que lo descubrieron. Probablemente por eso se me acercaron aquella noche previa a la final en sus taladradoras acuáticas; pretendían que no se me olvidara jamás. Lo que nunca he llegado a saber es si eran fans de mi equipo, el Estudiantes, o del rival, el CAI de Zaragoza.

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